Cuentos de terror El sufrimiento de Leonor

Una pobre mujer de nombre Leonor, fue ingresada a un hospital psiquiátrico después de haber sufrido un colapso nervioso, cuando se enteró de que su esposo había muerto durante un asalto.

A pesar de los intentos de sus amigos y familiares por conseguir que ella recobrara la razón, al final decidieron que lo mejor era recluirla en dicha clínica de salud mental, para que sus delirios no afectaran la vida de su pequeño hijo.

Los años pasaron y Leonor se fue haciendo cada vez más huraña, puesto que nadie acudía a visitarla en ninguna fecha del año. Dentro del hospital, tampoco tenía ningún amigo, ya que pasaba la mayor parte del tiempo encerrada en su habitación.

Una tarde, el médico que la cuidaba le dijo:

– Doña Leonor, ¿sabe qué día es hoy?

– Si, doctor es lunes. Es mi día favorito.

– No esperaba esa respuesta, pero en efecto, es lunes. Sin embargo, yo no estoy aquí para darle ese dato, sino para decirle que de acuerdo a las últimas pruebas que le hicimos, sus problemas mentales han desaparecido y por lo tanto ordenare que el día de mañana a primera hora le otorguen el alta.

– ¿A dónde iré?

– Ya me comuniqué con uno de sus familiares y él me dijo que estará aquí a las diez en punto.

Leonor se quedó pensando en quién podía ser la persona que la iba a recoger, tanto fue su miedo que imaginó que quizás ahora sus familiares convertirían su vida en cuentos de terror. Es decir, crearían situaciones que tarde o temprano la regresarían al manicomio.

No obstante, cuando le indicaron que podía salir, no pudo creer lo que veían sus ojos. Su marido la esperaba del otro lado de la calle. Leonor corrió rápidamente sin voltear hacia ambos lados de la calle, por lo que fue brutalmente atropellada por un auto.

Mientras tanto, en la clínica sólo se escuchó un grito desgarrador:

– ¡Cuidado Mamá!

Leyendas cortas El reloj de bolsillo

Leyendas cortas El reloj de bolsillo

El tiempo es uno de los elementos que, de acuerdo con algunos, es netamente invención del hombre, para poder llevar un mejor registro de las actividades que se llevan a cabo diariamente.

Nos tardaríamos muchísimo al referir cada una de las leyendas cortas que analizan los aspectos positivos y negativos de este concepto. Sin embargo, hoy vamos a contar una breve historia acerca de un pequeño reloj de bolsillo.

Un día tocaron el timbre de la casa de Timoteo. Se trataba de un mensajero que llevaba un paquete con el importe ya pagado.

Al hombre le extrañó recibir una caja que tenía como remitente la dirección del domicilio de su abuelo, pues este había perecido hacía más de una década.

Timoteo abrió el paquete sentado en el sillón de su sala. Hasta arriba venía una carta, la cual decía lo siguiente:

“Querido nieto:

Cuando recibas esta misiva yo ya me habré ido. Siempre tuve la inquietud de acercarme más a ti, puesto que me recordabas mucho a tu padre. Sin embargo, la distancia provocó que eso fuera imposible.

Es por ello, que quiero legarte mi más preciado tesoro. El reloj de bolsillo que me dio mi padre cuando cumplí 21 años. Quizás te pueda parecer un artículo pasado de moda, pero créeme, es algo en verdad invaluable”.

Timoteo espero a que su papá llegara de trabajar para enseñarle aquel objeto y así comprobar que no se tratara de una broma.

Cuando el progenitor de Tim (así le decían de cariño), vio el objeto, sólo atinó a decir:

– No puede ser que ese reloj sea el original.

– ¿Por qué lo dices? Preguntó Timoteo.

– Porque tu abuelo lo llevaba como amuleto de buena suerte durante la guerra y en una de las batallas le dispararon directo al corazón, más milagrosamente el reloj detuvo la bala. Lo que sucede aquí es que esta pieza está intacta.

No obstante, luego de hacer esa aseveración, el padre de Timoteo observó que la inscripción del anverso, era idéntica.

La única explicación “lógica” que se le pudo dar a esa historia fue que alguien viajara al pasado, antes de que el reloj fuera destruido. A pesar de eso, sabemos que los viajes en el tiempo no existen ¿o sí?

Más leyendas cortas en https://leyendadeterror.com/leyendas-cortas/

Leyendas de terror Una avería en el motor

Me considero una persona metódica. Es decir, antes de emprender un viaje por carretera, reviso que mi auto se encuentre en buenas condiciones. Así lo hice cuando iba con rumbo a Sonora.

Para no aburrirme, había comprado un CD de audio de cuentos de terror. La música y las voces de las personas que participaron en la narración de las historias, eran excelentes, puesto que transmitían sentimientos de angustia y terror.

Mi itinerario iba tal y como lo había planeado (inclusive, tenía algunos minutos de sobra para detenerme a comer en un merendero, pero mejor decidí seguir conduciendo).

De momento, comencé a escuchar un ruido que venía de la parte delantera del coche.

– Ay no, no te vayas a detener ahora. Le dije a mi auto.

Imagínense estaba solo, en una carretera que no conocía, cerca de las 12:00 de la noche. Saqué mi celular y al intentar llamar al número de emergencias, vi que ni siquiera había cobertura suficiente como para hacer la conexión con las autoridades.

Continué manejando, sin prestarle mucha atención al ruido del motor, hasta que se encendió una luz intermitente en el tablero.

– Ni modo, tendré que aparcar para ver qué es. Pensé.

Por suerte (o por desgracia) un área de descanso estaba a un kilómetro de mi ubicación. Me orillé y abrí el cofre del carro. Descendí del coche y empecé a revisar el motor. De repente escuché una voz que me dijo:

– ¿Quiere que le ayude amigo?

– Giré la cabeza y vi que una persona estaba parada atrás de mí. Sin embargo, al mirarle el rostro noté que aquella no era una criatura humana, sino una mezcla de varios animales horripilantes.

De un empellón cerré el cofre del auto y me subí lo más rápido que pude y no paré hasta que se hizo de día.