Leyendas de terror Una avería en el motor

Me considero una persona metódica. Es decir, antes de emprender un viaje por carretera, reviso que mi auto se encuentre en buenas condiciones. Así lo hice cuando iba con rumbo a Sonora.

Para no aburrirme, había comprado un CD de audio de cuentos de terror. La música y las voces de las personas que participaron en la narración de las historias, eran excelentes, puesto que transmitían sentimientos de angustia y terror.

Mi itinerario iba tal y como lo había planeado (inclusive, tenía algunos minutos de sobra para detenerme a comer en un merendero, pero mejor decidí seguir conduciendo).

De momento, comencé a escuchar un ruido que venía de la parte delantera del coche.

– Ay no, no te vayas a detener ahora. Le dije a mi auto.

Imagínense estaba solo, en una carretera que no conocía, cerca de las 12:00 de la noche. Saqué mi celular y al intentar llamar al número de emergencias, vi que ni siquiera había cobertura suficiente como para hacer la conexión con las autoridades.

Continué manejando, sin prestarle mucha atención al ruido del motor, hasta que se encendió una luz intermitente en el tablero.

– Ni modo, tendré que aparcar para ver qué es. Pensé.

Por suerte (o por desgracia) un área de descanso estaba a un kilómetro de mi ubicación. Me orillé y abrí el cofre del carro. Descendí del coche y empecé a revisar el motor. De repente escuché una voz que me dijo:

– ¿Quiere que le ayude amigo?

– Giré la cabeza y vi que una persona estaba parada atrás de mí. Sin embargo, al mirarle el rostro noté que aquella no era una criatura humana, sino una mezcla de varios animales horripilantes.

De un empellón cerré el cofre del auto y me subí lo más rápido que pude y no paré hasta que se hizo de día.

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